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Cambiando hacia una mentalidad de crecimiento

2 days ago
6 min read

En las primeras páginas del libro de Carol Dweck, ella menciona “que la perspectiva que adoptas de ti mismo influye profundamente en la forma en que llevas tu vida. Puede determinar si te conviertes en la persona que quieres ser y si logras aquello que valoras.”


Recuerdo cómo me impactó está frase en el momento en que la leí. En ese entonces me encontraba en una etapa en donde quería probar algo distinto al camino en el que ya llevaba tiempo sintiendo un vacío. Había tenido el suficiente valor para cambiar 180° mi rumbo pero mis esfuerzos en el nuevo camino no veían resultados, la gente empezaba a verme con inquietud y condescendencia y yo misma comenzaba a preguntarme si mi decisión había sido la correcta. 


Básicamente, el libro habla sobre las diferencias entre navegar la vida con una mentalidad fija o con una mentalidad de crecimiento, y cómo la mentalidad que adoptamos tiene un impacto en la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos, nuestros esfuerzos y a los obstáculos que se nos presentan en la vida.


Muchos crecimos (y seguimos viviendo) en ambientes en donde se premian los resultados rápidos, la perfección y el éxito. Vemos la vida como una competencia en donde, si no ganamos, no valemos; si no alcanzamos los objetivos y expectativas, hemos fracasado. Dejando poco espacio para el proceso de aprendizaje y crecimiento que requiere el esfuerzo de comenzar algo nuevo y de desarrollar una nueva habilidad.


Dos formas de interpretar la misma vida


Primero entendamos las dos mentalidades que describe Dweck. Por un lado, la mentalidad fija asume que la inteligencia, el talento y el valor personal son rasgos fijos, esto quiere decir que, a través de esta percepción, o naces con ellos o no. 

Por otro lado, la mentalidad de crecimiento, entiende las capacidades como algo que se puede desarrollar con práctica, estrategia, experiencias, retroalimentación y adaptación. El error deja de ser parte de la identidad y se convierte en información que se obtiene durante el proceso de aprendizaje y crecimiento.


Es cierto que hay muchas habilidades y destrezas que ya traemos, algunas cosas que se nos facilitan o se nos dificultan de forma natural y esto no está mal. El reto es que, cuando operamos desde una mentalidad fija, tendemos a interpretar nuestras capacidades como algo relativamente establecido del “yo soy así”. Cuando las cosas salen bien, somos perfectos y nuestra autoestima crece pero, cuando las cosas no salen bien, navegamos con la creencia y el dolor del fracaso. Un  “no se me da” o “no tengo lo que hace falta” provoca que ni siquiera queramos intentarlo. El error puede sentirse como una confirmación de nuestras limitaciones y una sentencia sobre quiénes somos, no sobre la situación. Por este motivo, muchas veces caemos en la trampa de querer pasar nuestra vida queriendo asegurar el éxito y reafirmarnos, porque fallar duele demasiado ya que hemos ligado nuestra esencia al resultado.


Con una mentalidad de crecimiento, alguien sin la habilidad innata estará dispuesto a persistir en el camino, a pesar de las dificultades. Esta perspectiva cambia la manera en que miramos nuestra propia vida y a nosotros mismos. Si no sentimos la necesidad de demostrar quienes somos, podemos encontrar satisfacción en explorarnos, en experimentar algo nuevo y de empezar desde cero las veces que sean necesarias para seguir creciendo.


Tu cerebro no está terminado


Algo increíble de nuestro cerebro es que, aún como adultos, nuestro cerebro tiene la capacidad de reorganizarse y de formar nuevas conexiones a partir de lo que experimentamos, pensamos y aprendemos, gracias a la neuroplasticidad. 


Literalmente, aprender algo nuevo tiene la capacidad de modificar el cerebro, así que el argumento de “así soy yo y no puedo cambiar”, no es válido en muchas ocasiones. Algunas cosas llevarán más esfuerzo que otras, algunas se nos dificultarán o se nos facilitará más, pero nuestro cerebro está hecho para modificarse, para aprender y adaptarse.


Entender esto sobre el cerebro también permite ampliar la percepción de nosotros mismos. Muchos de nosotros crecimos en instancias en donde la mentalidad fija era la norma. Desde niños se nos categorizó como inteligentes, deportistas, malos para las matemáticas, rebeldes o cualquier otra cosa que, en muchos casos, pudimos seguir arrastrando en la adultez sin saber cómo deshacernos de una etiqueta que podría estar influyendo erróneamente en nuestra identidad y potencial si no somos capaces de entender que podemos modificarnos mediante el aprendizaje.


Cuando dejamos a un lado la necesidad de que todo salga perfecto a la primera o que el resultado sea lo único que importe, también dejamos atrás el miedo a equivocarnos, lo cual nos libera para explorar, probar, comparar, preguntar y perseguir nuestra curiosidad. 


Por eso, aprender algo nuevo no es solamente acumular información. Con la experiencia, podemos desarrollar nuevas habilidades, patrones de pensamiento y formas de responder. Una mente abierta al aprendizaje empieza a mirar más allá de lo que tiene enfrente.


Y la presión social, ¿qué pasa con ella?


Gran parte de la presión que sentimos por "hacerlo perfecto" no es sólo externa, sino que la reforzamos nosotras mismas al ligar nuestro valor a los resultados que obtenemos y a la expectativa que generamos de nosotros mismos y de quienes somos. La mentalidad de crecimiento no elimina la exigencia, pero la reubica. En vez de perseguir la aprobación o la perfección, persigue el progreso y el aprendizaje. El progreso, a diferencia de la perfección, sí está bajo nuestro control.


¿Si eres alguien cuando eres exitoso, quien eres cuando fallas?


Cuando tomé la decisión de seguir un nuevo camino, eso también implicó grandes sacrificios. El más grande fue el cambio en ingresos económicos. Lo que mas hacia sentido en ese momento, era regresar a casa de mis padres en mi ciudad natal, donde no quedaban amigos pues lo normal era salir de la ciudad al comenzar a trabajar. Tomar la decisión me costó mucho porque sentía de alguna forma que había fallado, que regresar significaba que no había sido capaz de crear la vida que todos (incluyéndome) esperaban de mí y eso me hacía menos. 


No es fácil transformar una mentalidad, pero si se puede. Comenzar a ver el camino que yo misma elegí, mi ritmo y mi proceso desde una mentalidad de crecimiento me ayudó a no darme por vencida antes de realmente haberlo intentado y, sobretodo, me ayudó a no definir la persona que soy ni mi potencial, por el momento que estoy atravesando. Y no se trata de justificar mantenerse en una zona de confort o en una situación no favorable. Como su nombre lo indica, se trata de crecer, de progresar, de aprender. 


Lo curioso de mi situación es que no es aislada. Platicando con amigos me doy cuenta que esa frustración con nosotros mismos, ese sentimiento de que estamos fallando porque sentimos que hay ocasiones en que tenemos que dar tres pasos hacia atrás, nos pega emocionalmente muy fuerte. Pero lo estamos viendo desde una mentalidad que solo juzga los resultados. Tal vez, en esta ocasión, demos tres pasos hacia atrás porque nos estamos preparando para dar un brinco de 3 metros. O tal vez son 5 pasos de lado. La realidad es que debemos recordar que el resultado no es lo importante, sino lo que adquirimos en el camino.


Una mentalidad de crecimiento nos permite entender que no se trata de ser perfectos o que las cosas nos salgan perfectas. Sé trata de darnos la oportunidad de volver a ser principiantes, de aprender algo nuevo, de mantenernos en movimiento, de seguir creciendo constantemente. Se trata de enfrentarse a los retos de la vida con curiosidad y humildad.


Una forma sencilla de empezar


Es complicado que cambiemos nuestra mentalidad para todos los aspectos de nuestra vida, al final del día, seguimos siendo humanos. Habrá momentos en los que nuestra mentalidad fija seguirá rumiando, volviéndonos tercos.


Lo que sí podemos hacer es ser conscientes de cuando ella aparece para tener la opción de elegir diferente, de ser flexibles y curiosos. Un ejercicio simple con el que puedes comenzar a probar tu mentalidad de crecimiento es cada vez que pienses en "no puedo con esto", añade la palabra "todavía". "No sé cómo hacerlo, todavía." Ese pequeño ajuste lingüístico es una forma de entrenar a tu cerebro a interpretar el presente como un trabajo en progreso, no como un resultado final.


 
 
 

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