top of page

Autenticidad: El motor para experimentar

  • Writer: María Sánchez
    María Sánchez
  • Mar 10
  • 4 min read

Hay un momento extraño que algunas de nosotras experimentamos en algún punto de la vida. No siempre llega como una tormenta a la que no se puede obviar. A veces aparece de forma silenciosa, lenta y sobre todo, incómoda.


Nos encontramos haciendo algo que, en teoría, debería gustarnos, a fin de cuentas, fuimos quienes lo elegimos. Todo parece estar bien, funciona, tiene sentido. Pero algo dentro de ti susurra: esto ya no soy yo.


Durante mucho tiempo decidí ignorar esa voz que me susurraba cuando me despertaba, cuando me aburría en el tráfico, cuando dejaba algo que quería hacer para otro día. ¿Por qué detenerme a escuchar una queja interna si me encontraba viviendo bajo una versión que hacía sentido, que los demás reconocían, que parecía coherente y con dirección fija?


Pero con el tiempo entendí algo diferente, cuando por fin decidí hacerle caso a ese susurro. No estaba siendo yo misma, por fuera parecía correcto, pero por dentro no resonaba conmigo.


Ser auténticos con nosotros mismos es algo a lo que todos deberíamos aspirar. Sin embargo, la autenticidad no es una identidad fija que descubrimos una vez y mantenemos intacta para siempre. Es algo que está vivo dentro de nosotros y evoluciona en conjunto, es una relación continua con lo que realmente nos mueve, y muchas veces solo podemos descubrirla experimentando.


Cuando tu vida empieza a sentirse prestada


La identidad es la narrativa interna que construimos sobre quiénes somos. A lo largo de los años la vamos construyendo a partir de nuestras experiencias, valores, intereses y de las historias que nos contamos sobre nosotros mismos, muchas de ellas escritas con frases prestadas.


Expectativas familiares.

Ideas sociales sobre el éxito.

Roles profesionales.

Relaciones que valoramos.

Decisiones que alguna vez tuvieron sentido.


Nada de esto es necesariamente incorrecto. De hecho, muchas de esas decisiones fueron hechas con buena intención, responsabilidad y amor. Pero hay una pregunta incómoda que tarde o temprano aparece, sobre todo, si nuestra identidad no evoluciona junto con nosotros.


¿Cuánto de lo que soy hoy lo elegí conscientemente  y cuánto simplemente lo adopté?


Es una pregunta difícil porque nos obliga a mirar partes de nuestra vida con honestidad y humildad. Tal vez elegiste una profesión que ya no te entusiasma, o adoptaste intereses que en realidad nunca fueron tuyos, o tal vez has sostenido versiones de ti misma que alguna vez funcionaron pero ya no.


Y aquí es donde aparece la parte confrontativa que nos incomoda. Cuando vivimos demasiado tiempo desde una identidad que no es completamente auténtica, su impacto empieza a filtrarse en diferentes áreas de nuestra vida a través de la energía con la que trabajamos, el entusiasmo con el que iniciamos cosas nuevas, las relaciones que construimos e incluso en la manera en que nos hablamos a nosotras mismas.


No siempre lo percibiremos de forma dramática. A veces se manifiesta como una sensación constante de estar ligeramente fuera de lugar en nuestra propia vida.


La trampa de vivir para cumplir expectativas


Uno de los mayores obstáculos para vivir con autenticidad es que muchas veces hemos aprendido a optimizar nuestra vida alrededor de algo muy específico: la aprobación.


Aprobación social.

Aprobación profesional.

Aprobación familiar.


Y cuando una identidad ha sido validada durante años, soltarla o incluso cuestionarla, puede sentirse arriesgado. Pero aquí hay algo importante que he aprendido y lo comparto contigo.


Explorar tu autenticidad no significa romper con todo lo que has construido ni ignorar el impacto de tus decisiones en los demás. Significa darte permiso de volver a conocerte, de comprender y aceptar tus cambios, de escuchar y actuar sobre tus nuevos intereses.


La autenticidad no se encuentra. Se explora.


Nos hacen creer que estamos perdidos y necesitamos encontrarnos, como si hubiera una versión única y verdadera de nosotras en algún lugar profundo, esperando a ser revelada. 


Pero la realidad es mucho más interesante y menos teatral, porque no existe una sola versión de nosotros, somos seres que crecen, que cambian, que se adaptan. Es por ellos que nos descubrimos y evolucionamos probando cosas, probando intereses, probando ideas, probando nuevas formas de pensar, crear o trabajar. 


Al sumergirse en este proceso, nuestros motores maestros comienzan a revelarse poco a poco. Nuestros motores no son metas, ni roles, ni etiquetas. Son las fuerzas internas que naturalmente generan energía en nuestra vida en un momento dado. Los motores son personales y forman parte de nuestra autenticidad, y cuando una actividad está alineada con esos motores, se siente diferente, no necesariamente más fácil, pero sí más viva y auténtica.


La autenticidad como experimento


No te abrumes con la idea de reinventarte, no necesitas tener todas las respuestas en este momento, solo necesitas curiosidad suficiente para comenzar a experimentarte a ti misma.


Ve un experimento como un proceso que te permitirá obtener información sobre ti y sobre el mundo. No exige caminos definitivos, ni resultados exitosos. La idea es intentarlo para conocerte en ese contexto. Empieza a diseñarlos a partir de la voz interna que mueve tu curiosidad o tu incomodidad.


Tomar un curso que siempre te dio curiosidad.Explorar un hobby que nunca te permitiste.Cambiar la forma en que usas una parte de tu tiempo.Iniciar un proyecto pequeño solo porque te intriga.


No todos los experimentos cambiarán tu vida, pero te darán información sobre quién eres, ya que te permitirá responder si fue algo que disfrutaste o no, si te dio más energía de la que te quito, si te interesa explorarlo más a fondo o prefieres probar algo distinto.


Una conversación honesta contigo misma


Hay algo que pocas veces nos dicen sobre la autenticidad. No siempre llega como un momento épico de claridad. muchas veces aparece como una serie de elecciones pequeñas:


Elegir escuchar tu curiosidad.

Elegir explorar algo nuevo.

Elegir cuestionar una versión de ti que ya no encaja.


Y, curiosamente, cuando nos damos ese permiso, algo cambia. La vida deja de sentirse como un guión que debemos cumplir y esos pequeños experimentos, esas decisiones de probar algo distinto, empiezan a reorganizar nuestra vida de formas inesperadas.


Quiero proponerte algo. No como una tarea, sino como una conversación contigo misma. Tal vez con un café, una libreta y un poco de honestidad. Pregúntate:


  1. ¿Qué cosas me interesaban profundamente antes de que empezara a preocuparme por la expectativa de lo que debería hacer, tener y ser?

  2. ¿En qué actividades pierdo la noción del tiempo?

  3. ¿Qué conversaciones o temas siempre despiertan mi curiosidad?

  4. ¿Qué partes de mi vida actual se sienten auténticas y cuáles se sienten como una obligación que adopté?


 
 
 

Comments


bottom of page