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Si te cuesta definir objetivos, este enfoque es para ti

  • Writer: María Sánchez
    María Sánchez
  • 2 days ago
  • 3 min read

Existe una idea muy instalada en la sociedad: si no tienes objetivos claros, entonces te falta ambición, disciplina o enfoque. Pero en esta idea de éxito social, ¿que es de nosotros, los que batallamos para definir objetivos personales y llevarlos a cabo?


Veía con frustración como otros avanzaban con claridad, fijando sus metas con pasos definidos, mientras que yo me quedaba en una pausa constante, cuestionándome por qué cada vez que pienso en objetivos, lo único que logro generar es confusión, duda y una extraña sensación de vacío. Con el tiempo y la edad, esa pausa se convirtió en frustración y decepción que me mantuvieron en un limbo entre quiero y no puedo.

Después de tardes de lecturas y conversaciones con conocidos y desconocidos, me di cuenta que esta interpretación de mi realidad es bastante común, y sin embargo, bastante incorrecta.


Para las que nos encontramos en esta situación, el problema no suele encontrarse en nuestra falta de ambición, sino en la forma distinta en la que pensamos. Somos personas que no partimos de metas claras y estructuradas, sino de sensaciones, intuiciones y necesidades más humanas. Aunque podemos ser organizadas en el día a día, cumplir con nuestras responsabilidades y tratar de mantener el orden, cuando se trata de imaginar el futuro que queremos y convertirlo en un plan concreto, no logramos avanzar. Lo frustrante no es que no sepamos lo que queremos, sino la dificultad a la que nos enfrentamos al momento de traducirlo de manera automática en objetivos y pasos definidos. Y el mayor problema es que, cuando una meta no se siente cercana, tangible o conectada con algo real en el presente, pierde fuerza y nosotras nos quedamos paradas en el mismo lugar. 


Además, a esto debemos sumar la forma en la que opera el cerebro cuando se enfrenta a la incertidumbre y el riesgo, algo muy presente en la ejecución de objetivos que conllevan un cambio. Cuando definir un objetivo implica elegir, renunciar o exponerse al error, este sistema puede activar resistencia, entonces, lo que desde fuera parece indecisión, por dentro lo estamos sintiendo como tensión y porque nuestra elección requiere de un costo emocional alto. En este punto, nuestro cerebro hace lo que mejor sabe hacer, evitar la decisión o la acción, y así nos quedamos, sin decidir, sin comenzar, sin fallar pero sin avanzar. 


El resultado se convierte en un ciclo silencioso en donde queremos cambiar algo pero no sabemos qué o no sabemos cómo iniciar. Intentamos definirlo, pero nos bloqueamos. Nos comparamos con los que sí pueden, con los que sí avanzan, con los que triunfan. Nos frustramos y perdemos aún más la confianza en nuestra capacidad de actuar, eligiendo, por un día más, quedarnos donde estamos, aunque no sea donde queremos estar. 


El verdadero problema: intentar avanzar desde un lugar que no es natural


Los métodos tradicionales para definir objetivos parten de algo muy específico, imaginar un futuro claro y luego construir un plan lógico para llegar ahí. Pero ese proceso no es igual de natural para todos. Cuando nuestra forma natural de pensar no parte de metas rígidas sino de sensaciones y experiencias, intentar seguir métodos tradicionales puede generar más bloqueo que avance. Por eso, en lugar de forzarte a definir objetivos perfectos desde el inicio, es más efectivo apoyarte en un proceso que se ajuste a la forma en la que operas naturalmente. Empezar desde lo que sientes, aterrizarlo en lo cotidiano y avanzar a través de acciones pequeñas pero consistentes. La claridad, en este caso, no es el punto de partida, sino el resultado.


Define tus objetivos a partir de tu proceso natural de pensamiento: 


1. Conecta con lo que es natural para ti. Busca honestidad emocional, no precisión.

  • ¿Qué quiero sentir diferente en mi vida?

2. Traduce esa sensación en algo visible. Genera ideas sin juzgar.

  • ¿Qué posibilidades existen para lograr eso?

3. Reduce a una acción inmediata, evitando planes complejos.

  • ¿Qué puedo hacer hoy o esta semana que apunte hacia eso?

  • Debe ser pequeño, claro y posible.

4. Apóyate en una estructura simple. No debe ser perfecto, debe permitir consistencia.

  • agenda la acción

  • crea una pequeña rutina

  • define cuándo lo harás y cómo sabrás que lo lograste

5. Ajusta desde la experiencia, no desde la perfección.

  • ¿Esto me hizo sentir mejor o más cerca de lo que quiero?

  • Repite o ajusta.


Hack: Utiliza la fórmula para ayudarte a comenzar:

  1. Emoción:“Quiero sentir ____________”

  2. Visión:“Podría lograrlo haciendo _____________”

  3. Claridad:“Voy a hacer _____________ en ___________ tiempo”

  4. Acción:“El primer paso es ______________hoy”


Para ser feliz no necesitas cambiar tu forma de pensar, sino usarla a tu favor. Cuando dejas de pelear con la necesidad de tener todo claro y empiezas a moverte desde lo que sí te hace sentido, la dirección aparece de manera natural. No será perfecta desde el principio, pero la irás construyendo paso a paso, con cada acción que tomes, con cada aprendizaje con el que te enfrentes.


 
 
 

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