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Los sistemas que nos ponen en movimiento.

  • Writer: María Sánchez
    María Sánchez
  • 16 hours ago
  • 5 min read

La pregunta que me aterroriza: ¿dónde te ves en los próximos cinco años? No lo sé. En realidad, sin importar en qué momento me lo hayan preguntado, nunca he sabido responder. Envidio a las personas que son capaces de decir “quiero esto” y luego hacen un plan, se ponen en acción y lo logran. Yo no soy así. Tal vez porque no hay un solo camino al que me gustaría comprometerme, tal vez porque no tengo ambición, tal vez porque nunca he sabido con certeza qué es lo que quiero “lograr”. 


Esta situación ha sido motivo constante de frustración. Anteriormente le daba una buena pensada (según yo) a esta pregunta, sabiendo en el fondo que cualquier respuesta sonaba más a ficción que a dirección. Decía algo que sonaba bien, que encajaba con lo esperado, aunque rara vez respondía a cómo realmente funciona la vida o al menos, a cómo funciono yo. La realidad es que, cuando pasa el tiempo, lo que más pesa no es no haber llegado a las metas que definimos, sino no entender por qué nunca logramos sostener el camino.


Nos enseñan a pensar en metas como si fueran una línea de progreso y éxito. Tener claridad, definir objetivos, visualizar el resultado, ser disciplinado, echarle 10000% de ganas y un poco más. La lógica es seductora porque, si sabes a dónde vas, deberías llegar si sigues los pasos. Pero la realidad generalmente es otra y es más común de lo que parece que fracasemos en la mayoría de los objetivos que nos planteamos. Esto no es (en la mayoría de los casos) porque no seamos capaces, sino porque, como buenos humanos que somos, nos cuesta mantenernos leales a metas lejanas. Esas metas viven en el futuro, mientras que nuestras decisiones toman lugar en el presente, influenciadas por energía, contexto, emociones y fricción interna y externa.


Esto no quiere decir que vivamos nuestra vida sin rumbo, esperando lo mejor aquí, ahora y mañana. Más bien, es entender que hay otras formas de dar dirección a nuestros caminos y sobretodo, maneras en que podemos ser constantes y felices. 


Las metas nos hacen sentir en control, pero los sistemas nos ponen realmente en movimiento.


Si leemos a James Clear entenderemos que las metas nos pueden dar dirección, pero son los sistemas (comportamientos y procesos repetidos) los que nos permiten producir resultados. El problema de solo trabajar con metas es que pueden llegar a generar una ilusión de progreso: las escribimos, las planeamos, las visualizamos y decretamos. Esto claramente activa una sensación de avance, pero la trampa esta en que muchas veces no logramos accionar, no sostenemos la acción en el tiempo o, si logramos la meta, una vez alcanzada nos quedamos sin dirección y con un vacío. Por otro lado, tendemos a sobreestimar nuestra versión futura y subestimar las dificultades del presente, por lo que, aunque empecemos motivados, lo más probable es que encontremos obstáculos en el camino que nos hagan renunciar, sintiendo frustración por haber “fallado”.


Los sistemas, en cambio, funcionan distinto porque no dependen de una versión ideal de nosotros, sino de la versión real que existe y se mantiene la mayoría de los días. En lugar de exigir grandes cambios, los sistemas ayudan a reducir la fricción y mantener el progreso constante. Por otro lado, las metas suelen construir una identidad condicionada que va algo así como “seré exitosa cuando logre esto, me voy a sentir bien cuando baje 5 kilos. Dejamos nuestra felicidad y/o éxito en manos de "cuando pase algo", que además no sabemos si va a pasar. En cambio, los sistemas nos permiten construir una identidad desde el proceso, porque cada acción, por pequeña que sea, es evidencia clara de que estamos progresando, creciendo y aprendiendo. Lograr una meta no debería ser el resultado final donde por fin vemos el valor en algo o en nosotros, sino el valor debería encontrarse dentro de nuestro proceso diario, en la mejora constante. 


Si cambias hacia esta mentalidad, lograr algo deja de tratarse de fuerza de voluntad o ambición y empieza a tratarse de cómo diseñas tu vida. Dejas de pensar en términos de logro y empiezas a pensar en términos de evolución. En vez de sufrir un mes en una dieta intensa para luego rebotar porque no había nada más después de llegar al resultado, otra solución es diseñar un proceso que te permita alimentarte sanamente y ejercitarte en un horario que se adapte a tu día y a tu condición actual, con el tiempo llegarás al peso ideal, pero lo importante no serán esos kilos, sino que habrás creado un estilo de vida saludable que se mantiene a lo largo del tiempo.


¿Cómo hacer el cambio? En lugar de fijar metas rígidas, empieza a vivir a través de pequeños experimentos con el potencial de convertirse en hábitos, proyectos o estilo de vida. Deja de romperte la cabeza por lo que vas a lograr y empieza a explorar qué funciona para ti y qué no funciona en este momento. Esto no solo reduce la presión, también aumenta la probabilidad de sostener el progreso a lo largo del tiempo, porque el objetivo deja de ser lograr o fracasar y pasa a ser un proceso que te permite disfrutar y mejorar simultáneamente.


Un marco práctico para empezar a cambiar


Claramente no se trata de abandonar las metas (siguen ayudando a darte dirección) pero sí dejar de tratarlas como el centro de tu vida, el motor de tu motivación y la métrica de tu éxito. Puedes empezar a diseñar sistemas que te permitan progresar de forma sencilla:


  1. Toma una meta que tengas hoy empieza a preguntarte “¿qué tendría que hacer de forma sencilla y repetida para acercarme al resultado que me gustaría?” (ej. Me gustaría leer para relajarme pero nunca encuentro el tiempo.)

  2. Piensa que esto es un experimento, no un compromiso permanente. Puedes poner una fecha límite para hacer tu prueba. Con esto en mente, diseña tu sistema:

    1. Reduce esa acción hasta que sea casi imposible no hacerla, incluso en tus peores días. (Leeré únicamente 2 páginas al día por 2 semanas antes de dormir).

    2. Diseña el entorno para que esa acción ocurra con menos esfuerzo. (Pondré una lámpara de mesa junto a la cama y dejaré el libro en el buró).

    3. Mide consistencia, no resultados. Lo que buscas no es avanzar rápido, sino no detenerte. (Después de 2 semanas me doy cuenta que hay días que pude leer más pero si un día solo leí las 2 páginas, aún así me sentí satisfecha).


Esto parece menos ambicioso que leer dos libros enteros al mes, pero es mucho más honesto con la forma en la que realmente atravesamos el cambio y al final del día, es la consistencia lo que marcará la diferencia.


La próxima vez que alguien te pregunte dónde te ves en cinco años, tal vez la respuesta no esté en una imagen clara del futuro, sino en la claridad de lo que haces hoy y que te permite crecer, aprender y ser feliz a tu manera. Cuando entiendes esto dejas de vivir persiguiendo una lista de objetivos fijos y empiezas a diseñar una forma de vivir que te ayuda a crecer mientras llegas (o no) a tus objetivos, porque con buenos sistemas, los objetivos son flexibles e ilimitados.



Qué te recomiendo:

  • Atomic Habits – James Clear

  • Tiny Habits – BJ Fogg


 
 
 

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