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La curiosidad como estrategia de vida

  • Writer: María Sánchez
    María Sánchez
  • 23 hours ago
  • 5 min read

Durante mucho tiempo creí que la vida se construía siguiendo un plan. Uno bien pensado, estructurado y lógico que me llevaría a una vida estable que cumpliera con las expectativas que me enseñaron. Sin embargo, mientras intentaba seguirlo, más me daba cuenta que algo faltaba en mi vida. Aunque no había algo aparentemente mal, no podía decir con seguridad que era yo misma, ni que lo que estaba persiguiendo era lo que realmente resonaba conmigo.


Aceptar ese sentimiento fue incómodo porque inicialmente no sabía cómo describirlo, sobre todo porque no podía responder con un objetivo claro y mucho menos con un plan concreto de lo que quería hacer con mi vida o cuál era mi siguiente paso. Este fue un punto de quiebre porque, al no poder explicar exactamente lo que quería hacer a quienes esperaban una respuesta concreta, empecé a sentir ansiedad y frustración.


Para los que tenemos claro que no queremos seguir un guión ajeno, el camino tradicional nos quita autonomía. Ese no sería un problema si solo fuera cuestión de atrevernos a seguir nuestro propio camino, pero cuando no estamos seguros cuál es ese camino que queremos o cuando hay varios caminos potenciales, la acción se convierte en parálisis, la ansiedad en acompañante y nos da miedo elegir un solo camino. 


Yo estuve en esta situación hasta que comencé a formular las preguntas diferente. Cuál sería el resultado si en lugar de preguntarme "¿Qué quiero hacer el resto de mi vida?", la pregunta fuera: "¿Qué me genera suficiente curiosidad hoy como para dedicarle las próximas dos semanas?"


Lo que siguió después de cambiar la narrativa fue un proceso simple pero olvidado: hacer visible mi curiosidad y permitirme explorarla. Aprendí a accionar mis preguntas de forma mínima para obtener información sobre mi y el proceso y utilizar esto como un sistema de dirección. Esto me permitió navegar la incertidumbre sin tener que paralizarme.


Regresando a la curiosidad


Nuestra capacidad de cuestionar y de explorar algo que nos interesa sin tener un objetivo claro es algo con lo que nacemos. La curiosidad es uno de los motores más básicos del desarrollo humano. Estudios en psicología del desarrollo muestran que los niños aprenden del mundo no porque alguien les diga qué tienen que hacerlo o porque es importante, sino porque siguen activamente lo que les genera sorpresa, interés o incluso confusión. Los niños pequeños continuamente generan hipótesis sobre el mundo a su alrededor y las prueban a través del juego y la exploración.


Luego algo cambia en la vida. Con el tiempo nuestra curiosidad espontánea (y nuestra creatividad) empiezan a reducirse al ser reemplazadas por sistemas educativos centrados en respuestas correctas, entornos que premian la eficiencia sobre la exploración, y narrativas culturales y sociales que valoran la certeza por encima de la incertidumbre y el éxito por encima del proceso de aprendizaje. Esto va moldeando nuestro comportamiento y la curiosidad, que antes era una brújula, se convierte en una distracción de lo que “es importante”. Preguntar demasiado deja de ser bien visto y explorar sin un objetivo claro es improductivo. Preferimos lo conocido, lo predecible y lo validado. En otras palabras, optimizamos para la certeza, no para el descubrimiento. 


Aún en nuestros sistemas de estructura, no todo está perdido. Desde la neurociencia, la curiosidad está fuertemente ligada a nuestro sistema de dopamina, el mismo que regula la motivación y la recompensa. Investigaciones como las de George Loewenstein sobre la teoría de la brecha de información muestran que sentimos incertidumbre cuando percibimos una distancia entre lo que sabemos y lo que podríamos saber, motivándonos, a través de la curiosidad, a buscar la respuesta. Esto quiere decir que entender lo que nos genera curiosidad es parte de nosotros.


¿Qué pasa entonces si utilizamos nuestra curiosidad como un sistema de guía? Aunque al principio no estemos seguros de cómo empezar, una vez que la liberamos con intención y consciencia, nuestra curiosidad tiene el potencial de convertirse en una forma estructurada para tomar decisiones. Esto no quiere decir que nuestra curiosidad deba reemplazar a los planes o que dejemos a un lado nuestras responsabilidades, sino entenderla como algo que informa y alimenta nuestros planes. En lugar de decidir primero y ejecutar después, primero exploras y luego decides qué vale la pena estructurar.


Experimentando con nuestra curiosidad


Llevar esto a la práctica es atreverse a experimentar a partir de pequeños experimentos que nos den suficiente información para tomar una siguiente decisión. Anne-Laure Le Cunff propone reducir el costo de explorar para aumentar la frecuencia con la que exploramos. ¿Qué quiere decir esto? No necesitas certezas para empezar, necesitas espacios seguros para experimentar, creando procesos cortos y sencillos que te permitan probar tu curiosidad con el objetivo de darte información.


Este cambio de enfoque lo transforma todo, porque elimina la presión de acertar a la primera y la reemplaza por el valor en el proceso de aprendizaje. En mi caso, después de realizar el experimento, viene la estructura, en donde debo decidir si mi curiosidad se satisfizo o si quiero profundizar en el tema. Con esto me refiero a decidir si me gustó o no, si veo algún potencial en continuar, si descubrí nuevas oportunidades o me di cuenta que no me dio el valor que creía. Ya no empiezo con objetivos estrictos ni estructura rígida; defino planes y siguientes pasos para darle forma a lo que mi curiosidad me va revelando.


Con este proceso en mente, vale la pena empezar a ver la curiosidad como una estrategia de vida. Una que no busca eliminar la incertidumbre ni la responsabilidad, sino usarla como información de quienes somos. Porque los planes son útiles para ejecutar, pero si no tenemos certeza a dónde queremos ir, entonces la curiosidad es lo que permite descubrir hacia dónde vale la pena ir. 


Recuperar la capacidad de hacernos preguntas y buscar respuestas, puede ser una de las decisiones más estratégicas que podemos tomar. ¿Te da curiosidad aprender un nuevo idioma? Toma una clase de un día. ¿Te interesa la tecnología? Lee un artículo de vanguardia. ¿Te atraen los temas de bienestar? Prueba una rutina distinta mañana. Si el experimento sale "mal" o te diste cuenta que en realidad no es lo que creías, no fracasaste; obtuviste datos que reducen el ruido y te acercan a tu siguiente movimiento.


Hoy sé que no tengo que elegir una sola cosa para siempre. He aprendido a confiar más en mis preguntas y en lo que revelan cuando me atrevo a actuar sobre ellas. Una vez que aprendes a ver la vida como una serie de experimentos, el miedo a equivocarse y el miedo a vivir bajo un guión prestado, desaparece.


 
 
 

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